Hay un árbol de flamboyán floreciendo en un edificio de oficinas en Hough.
Sus raíces se remontan a más de un siglo. Sus ramas se extienden hacia fotografías y viejos recortes de prensa que narran la historia de la comunidad latinoamericana de Cleveland.
Aunque este árbol está hecho de papel, crece más rápido de lo que lo haría un árbol real.
Creado por la Sociedad Histórica Latinoamericana de Cleveland (LAHSO, por su nombre en inglés: Latin American Historical Society of Cleveland), el flamboyán de papel se extiende a lo largo de una pared en Neighborhood Connections (en español: Conecciones con el Vecindario), la sede actual de la exposición permanente de la LAHSO que muestra su exhaustiva investigación sobre la comunidad latinoamericana de Cleveland.
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Para los fundadores de LAHSO, la misión consiste en crear una historia colectiva, tejida a partir de las perspectivas de las numerosas voces que forman parte de la comunidad, en lugar de la voz de un solo historiador.
Al combinar los relatos orales con los registros genealógicos y los documentos de archivo, LAHSO sitúa las experiencias vividas por los primeros inmigrantes latinoamericanos de Cleveland junto a las narrativas dominantes escritas sobre ellos desde una perspectiva externa.
A veces, estas perspectivas coinciden. Pero, con mayor frecuencia, divergen.
Gladys Santiago, codirectora de LAHSO, recurre con frecuencia a la frase “sometidos a las voces de la autoridad”. Al mudarse a una cultura y un idioma desconocidos, y vivir en una ciudad desgarrada por el racismo sistémico contra sus residentes de raza negra, muchos miembros de la primera comunidad latinoamericana de Cleveland aprendieron a hacerse pequeños y a integrarse donde podían, dijo.
Se necesitan generaciones para desaprender eso, dijo Santiago.
“Lo que se está perdiendo son las historias”, afirmó Evelyn Rivera, quien dirige LAHSO junto a Santiago. “Se cuentan en el ámbito familiar, pero no se transmiten a la comunidad en general ni a los historiadores, y no se están recopilando”.
‘Simplemente vamos a entretejernos en ese tejido’
LAHSO nace en 2023 después de que Rivera y Santiago, amigas durante mucho tiempo, regresaran independiente a Cleveland tras haber vivido fuera durante décadas.
“Volvimos a nuestra ciudad natal y vimos que algunas cosas seguían igual”, comentó Santiago. “Cosas que no habían cambiado y cosas que se estaban borrando”.


Rivera y Santiago se capacitaron con la Asociación de Historia Oral (traducido de su nombre en inglés: the Oral History Association), una organización internacional que apoya las tradiciones de la historia oral. Reunieron a un equipo que compartía su pasión y pasaron meses desarrollando un proceso para sus entrevistas. Identificaron temas clave para las entrevistas y planificaron métodos de archivo.
Por ahora, la colección de historias orales de LAHSO incluye tres entrevistas con residentes de Cleveland que se mudaron aquí desde Puerto Rico entre los años cuarenta y sesenta. La primera comunidad latinoamericana de Cleveland estaba compuesta en gran parte por personas procedentes de Puerto Rico. A medida que LAHSO sigue entrevistando a personas que llegaron a Cleveland más recientemente, la organización pretende mostrar lo diversa que se ha vuelto la comunidad latinoamericana de la ciudad, dijo Santiago.
Durante el próximo año, LAHSO planea entrevistar a 20 residentes latinoamericanos de Cleveland más y publicar todos sus relatos orales, clasificados por su categoría y tema, en una base de datos en línea. Hasta ahora, más de 100 personas se han inscrito para las entrevistas de historia oral de LAHSO.
Para Santiago y Rivera, las historias orales que están recopilando son datos cualitativos que sacan a la luz las contribuciones de la comunidad latinoamericana a la historia de Cleveland, que muchas veces se pasan por alto, dijo Santiago.
“El tejido de Cleveland ya es precioso”, dijo Rivera. “Simplemente vamos a entretejernos en ese tejido que ya es hermoso. No queremos quitarle nada a la historia de nadie. Queremos asegurarnos de que nuestros hilos estén ahí”.
LAHSO también está trabajando con un genealogista para rastrear el linaje de los primeros inmigrantes latinoamericanos de Cleveland. Hasta ahora, cuentan con árboles genealógicos de inmigrantes que se mudaron aquí entre 1900 y 1910. El genealogista está trazando ahora los linajes familiares entre 1910 y 1920 y de finales del siglo XIX, y continuará avanzando década por década.
En el proceso, LAHSO ha identificado a quienes considera los primeros residentes de Cleveland procedentes de México y Puerto Rico: José García y José Fernando Ortiz Arizaga, respectivamente.
“No sé si la gente entienda realmente lo que está haciendo LAHSO”, dijo Rivera. “Básicamente, nos estamos convirtiendo en una universidad, una especie de universidad de investigación comunitaria”.
La mudanza a Cleveland en la década de 1950
El viaje a Cleveland de José Ramos Peña, residente de Hough, es uno de los primeros que se conservan en el archivo de historia oral de LAHSO.
Peña, que ahora tiene 95 años, recuerda las madrugadas en la casa de su infancia en Arroyo, Puerto Rico. Su padre se levantaba antes del amanecer y caminaba más de dos horas todos los días para ir a trabajar a una plantación de caña de azúcar.
“Veía a mi padre sufrir”, dijo Peña. “Lo veía tan cansado, ¿sabes? Y a mí todavía me duele. Pero no podía ayudarlo”.

En 1949, después de terminar la escuela, viajó de la isla a los Estados Unidos por primera vez, contratado para recolectar fruta en una granja en Delaware.
“Lo pasé mal. A veces, ya sabes, apenas teníamos comida. No teníamos dinero para comprarla”, dijo. “Y a veces, ni siquiera sabíamos cómo pedírselo al tipo, ya sabes, al que nos cuidaba. No sabíamos cómo decir: “Bueno, necesito algo de comer””.
Peña encontró trabajo donde pudo, viajando por todo el país durante un par de años. Enviaba dinero a su familia en Puerto Rico siempre que podía.
Para cuando llegó al noreste de Ohio a principios de los 1950, ya había aprendido inglés por su cuenta, anotando traducciones en un cuaderno que llevaba consigo a todas partes. Un productor de tomates de Huron, Ohio, lo contrató para supervisar a un grupo de trabajadores puertorriqueños con los que le costaba comunicarse.
Peña los ayudó a adaptarse a su nuevo hogar, actuando como una especie de enlace que él no había tenido en sus primeros trabajos en el continente.
Ahorró dinero y la vida le llegó rápidamente. Al igual que muchos puertorriqueños que trabajaban en el continente, viajaba a menudo de ida y vuelta a la isla. Se casó con una compañera de la escuela primaria en su pueblo natal, Arroyo, y luego sirvió en el ejército de los Estados Unidos, destinado en Fort Knox y en una base en Alemania, hasta 1955. Después de formar una familia y obtener un título universitario en Ponce, Puerto Rico, Peña se estableció con su esposa y sus seis hijos en un apartamento en Hough Avenue, en Cleveland, en 1965.
Al este del oeste
Los barrios de Hough y St. Clair-Superior habían sido el corazón de la comunidad latinoamericana de Cleveland. En aquella época, estaba compuesta por mayor parte por personas procedentes de Puerto Rico. En el barrio se encontraba Nuestra Señora de Fátima, la primera iglesia de Cleveland en celebrar misa en español. Peña trabajaba allí como secretaria voluntaria.
También formó parte de la Corporación de Desarrollo del Área de Hough (traducido de su nombre en inglés: Hough Area Development Corporation), creada tras los disturbios de Hough por líderes comunitarios que querían garantizar que los residentes tuvieran voz y voto en los proyectos de reconstrucción de su barrio.
En las décadas siguientes, la comunidad latinoamericana de Cleveland comenzó a desplazarse hacia el oeste, hacia Ohio City, Tremont y Clark-Fulton. Algunos historiadores sugieren que la comunidad se mudó para estar más cerca de los empleos en las acerías. Cuando una familia se mudaba, otras solían seguirla, dijo Santiago, manteniendo redes de apoyo que mantenían a la comunidad muy unida.

“Esta es su casa”.
La fe siguió uniendo a las cada vez más numerosas comunidades latinoamericanas del West Side (la zona oeste de la ciudad). A lo largo de los años 60 y 70 surgieron congregaciones de habla hispana, pero muchas de ellas carecían de iglesias donde celebrar sus ritos religiosos.
Olga “Margi” Colón no forma parte del proyecto de LAHSO, pero es una historiadora por derecho propio. Se mudó de Puerto Rico a la ciudad de Nueva York y luego a Cleveland en 1974. Ha recopilado meticulosamente notas de prensa, fotografías y documentos relacionados con la historia de su iglesia: La Sagrada Familia, en la avenida Detroit.
Para Colón, la iglesia representa una especie de hogar para la comunidad latinoamericana de Cleveland en el West Side. Antes de que se construyera La Sagrada Familia a finales de la década de 1990, las misas en español se celebraban en los sótanos de iglesias, casas particulares y locales alquilados, dijo.
La gente estaba “harta de correr” de un lado a otro, dijo Colón. La Diócesis Católica fusionó dos parroquias, San Juan Bautista y Capilla Cristo Rey, y construyó una nueva iglesia para formar La Sagrada Familia en 1997.


La fusión trajo consigo tanta tensión y ansiedad como emoción y alegría, comentó. Ella formó parte de un comité que ayudó a guiar a las parroquias durante el proceso. Hasta que cruzaron las puertas de la nueva iglesia, los feligreses temían no poder recaudar el dinero suficiente para terminar el proyecto. Todos donaron lo que pudieron, muchos dieron hasta $5,000, para hacer realidad la nueva iglesia, explicó.
La Sagrada Familia sigue siendo un pilar de la comunidad latinoamericana de Cleveland, dijo Jaime Cruz, quien formó parte del comité de fusión junto a Colón. Aunque en el pasado la mayoría de los feligreses eran puertorriqueños, dijo, ahora la comunidad es mucho más diversa.
“Este es el tipo de iglesia donde todos se conocen”, dijo. “Cuando termina la misa, solemos vender comida en la plaza. La gente se queda allí, tal vez una hora, una hora y media, simplemente socializando, hablando con todos. Nadie quiere irse”.
Para Colón, la iglesia es algo más que solo fe. Un espacio acogedor como La Sagrada Familia significa mucho para los recién llegados a Cleveland.
“Estoy muy feliz de ser parte de esta iglesia”, dijo Colón. “Sufrimos mucho cuando llegamos a este país. No nos querían. Así que no tenemos que hacer lo mismo. Les hacemos saber que son bienvenidos. Esta es su casa”.


Crear una nueva narrativa
LAHSO espera seguir honrando la historia latinoamericana de Cleveland mediante el registro de lugares emblemáticos y ahí colocar placas conmemorativas. La organización se encuentra aún en las primeras etapas del proceso, pero ya ha obtenido fondos de Neighborhood Connections para cubrir el costo de la primera placa.
Según Santiago, aún no se ha decidido la ubicación exacta del primer monumento, pero los miembros de LAHSO han planteado la idea de colocarlo en algún lugar del East Side (la zona este de la ciudad) para rendir homenaje a sus raíces en esa zona. Sea cual sea su ubicación, según Rivera, la organización tiene previsto dar la oportunidad de expresar su opinión tanto a quienes viven cerca del lugar como a la comunidad latinoamericana de Cleveland.
“Lo que LAHSO ha descubierto es que se ha ignorado a los habitantes del East Side”, dijo, refiriéndose a latinoamericanos como Peña que se han quedado en Hough y St. Clair-Superior.
“Los latinos tienen que ir al West Side incluso solo para comprar productos básicos, productos latinos. La atención que se le da al West Side, que es genial, hay muchas cosas geniales en el West Side, y yo soy del West Side, pero no podemos descuidar a nuestros pioneros y a las familias que fueron la base de quienes somos”.
Santiago, la otra co-directora de LAHSO, ve la importancia de la historia en su familia. Ha visto cómo cada generación se ha ido abriendo cada vez más espacio para expresarse y expresar su cultura. Sus hijos, sus nietos y, en general, su generación se sienten orgullosos de su historia.
“Tienen muchas ganas de conocer la historia”, dijo. “Y están creando una nueva narrativa. Esto les servirá de base, ¿sabes? Aquí están las raíces; crean la nueva narrativa, pero aquí es de donde la están sacando”.
Spanish translation by Michelle Faust Raghavan.

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